¡No te quejes de lo bueno que pediste!

Hay una pregunta que quiero hacerte, a la que estoy casi seguro que aunque nadie te la haya preguntado hoy, tenés una respuesta. Y mi pregunta es ¿qué te molesta hoy?
Porque me di cuenta que muchas veces estoy molesto, y aún me quejo de las respuestas de Dios a mis oraciones; cosas que son una bendición en mi vida, pero por no verlas como tal, me enojan y termino quejándome de ellas. ¿Te pasó? Algunos ejemplos: Hace unos años atrás le pedí a Dios que me diera buenos amigos, que me edifiquen y sean de buena influencia, pero ahora me quejo de ellos porque me desafían a madurar y crecer en mi paciencia. O como hace poco, que le dije a Dios que quería aprender a confiar más en Él, pero cuando el momento llega me preocupo porque no sé de donde van a salir las finanzas que necesito. Oré durante mucho tiempo para poder ser útil en el servicio al Reino pero ahora me frustro porque siento que no llego con todo lo que tengo que hacer. Estas son solo unas pocas situaciones con las que muchos se pueden identificar. Y así llegué a la conclusión de que tengo la tendencia de quejarme por lo que me falta, siendo lo peor de todo, que olvido fácilmente los milagros que Dios ya hizo en mi vida.

En el Salmo 103 David le está dando una orden clara a su alma “Bendice alma mía a Jehová” y esto involucra algo interno. El cambio en mi queja tiene que nacer desde mis pensamientos, mis emociones y mi voluntad, porque cuando hago memoria todo mi ser se alinea a la voluntad de Dios y el fruto de esto es una adoración genuina con un corazón agradecido. El pasaje también dice: “no olvides ninguno de sus beneficios” ¿Qué beneficios me olvidé a causa de mi queja? Más adelante en el capítulo encontramos algunos como: el perdón de Dios, Su sanidad en mi vida, el que haya salvado de los “hoyos” en los que estuve, como ha de ser la depresión, la angustia, el pecado, entre otros. Tantos son los beneficios que no puedo olvidar.

Esta es la clave que encontré para sacar mi mente de la queja constante. Cada vez que no me siento con ganas de alabar o dar gracias hago memoria de lo que Dios ya hizo en mi vida. No puedo olvidar que la tranquilidad y paz que tengo hoy en día es el resultado de su perdón y sanidad en mi vida. Tampoco debo olvidar las veces que me salvó “del hoyo”, de las situaciones de cuales no vi una salida. No tengo de qué quejarme si hoy en día no tengo para un lujo, cuando Él me ha sostenido fielmente por los nueve años que llevo como misionero en Argentina. Entonces ¿en dónde está puesta mi mirada? ¿Estoy enfocándome en lo que me falta, lo que me frustra, mis pecados, equivocaciones, en lo que no me sale? Tengo que fijar mis ojos en Jesús (Hebr. 12:1-2) y darme cuenta que no vale la pena mirar lo que me falta frente a todos los beneficios de Dios.

Pyry Ihonen es obrero de Jucum Rosario desde que abrió la sede. Es de Finlandia y casado con Laura de Brasil.

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