De desierto a jardín

La sanidad es un proceso que todos conocemos y sabemos cómo funciona, aunque muchas veces confundimos el objetivo de sanar una herida con el de eliminar el dolor. ¿Cuántas veces no logramos ser sanos completamente por querer eliminar el dolor antes que sanar la herida?

Sanar es algo que conlleva pasar dolor y esto demanda de nosotros tener la madurez para soportarlo entendiendo que aún el dolor tiene propósito. Es como sufrir la inyección de anestesia para una operación, comprendiendo que ese dolor es con un propósito mayor.

En este tiempo Dios me hizo ver la sanidad también en otra forma: como el mismo proceso que tiene que pasar la tierra que fue dañada para volver a ser fértil.

Las características de una tierra dañada son de tener una dureza superficial, no tener la capacidad de absorber ni retener agua y de compactarse en secciones más pequeñas. Todos estos síntomas denotan que la tierra está en camino a convertirse en un desierto. Ser duro de corazón, superficial y no poder absorber ni retener la verdad y la vida que Dios nos da son las características de que tenemos heridas que no sanamos, sea que las provocamos nosotros mismos u otros a nuestro alrededor y todo esto nos lleva a vivir una vida desértica.

Dios en medio de nuestro desierto toma el compromiso y esfuerzo de trabajar nuestro corazón para volverlo a la vida de nuevo. Y el proceso para restaurar una tierra dañada es de quitar las malezas, hidratar y arar la tierra, allanar el terreno y recién ahí plantar nuevas semillas. Dios debe quitar todo lo que estorba y entorpece el proceso de sanidad de nuestra vida. También debe preparar nuestro corazón para que esté moldeable y dócil para ararlo, para sacar lo que está por debajo de la superficie a la luz y allanar y llevar al orden todo.

En Isaías 51:3 Dios nos promete consuelo, restauración y vida donde tal vez vemos soledad y sequedad. Es una promesa que debemos tomar para nuestra vida durante el proceso de sanidad. Es el Padre quien en este proceso sobrenatural de sanidad vuelve nuestro desierto, un bello y fértil jardín.


Dalila Alderete es de Chaco y es obrera de Jucum Rosario desde que terminó su EDE el año pasado. Sirve en los ministerios de comunicaciones y Aurora Boreal.

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