¿Quién es el coreógrafo de tu vida?

En nuestra sede de Jucum Rosario tenemos un ministerio de baile de cual estoy feliz de poder ser parte. En los tiempos de entrenamiento que tenemos junto a los bailarines, el Señor me habló de la similitud que hay entre el coreógrafo de un baile y la persona de Dios. Muchas veces pensamos que escuchar la voz de Dios es difícil, pero Él en su simpleza y misericordia se adapta a la manera en la que podemos escucharlo. Y en mi caso, yo pude entenderlo a través del baile.

El coreógrafo es quién compone estructuras de movimiento con cuerpos, tiempos y espacio con un objetivo. Dirige una escena y, debido a su trayectoria, tiene la autoridad para dar las pautas a seguir y respetar. En cambio, el bailarín es elegido y le corresponde escuchar con atención y obedecer las instrucciones.
Esto parece un concepto muy sencillo de entender, pero en nuestra vida con Dios muchas veces no aplicamos este principio. Nos cuesta aceptarlo como quién dirige nuestras vidas, en cada situación. Somos muy rápidos para dar nuestra opinión de qué y cómo las cosas se deben dar. Pero nuestro Coreógrafo es bueno, confía en nosotros y sabe cuáles son los planes que tiene para nuestra vida (Jer. 29:11).

Hay 4 principios sencillos para poder seguir con paz y seguridad las instrucciones que Dios nos da: escuchar con atención, memorizar, reproducir y confiar en el proceso aunque no conozcamos la coreografía. 

Escuchar con atención nos va a permitir tener en claro qué es lo que el Coreógrafo necesita de nosotros, memorizar es tener presente constantemente las palabras de Dios. Reproducir es llevar a la práctica las instrucciones que el Señor nos da, y confiar en el proceso es no cuestionar Su autoridad sino descansar en que Él está a cargo.

El Coreógrafo sabe para qué estamos hechos y para qué nos entrena. Nos lleva a dar nuestro máximo y conoce cada una de nuestras inseguridades, luchas y las razones por las que tenenmos que seguir intentando. Es fácil querer cambiar los roles: querer ser nosotros los coreógrafos y otros los bailarines. Por eso tenemos que aprender cada uno el rol que nos corresponde. Tenemos que aprender a escuchar, memorizar, reproducir y como último paso elegir confiar en el proceso.


Zoe Russo es de Balcarce, Buenos Aires y es obrera de Jucum Rosario desde que terminó su EDE el año pasado. Sirve en los ministerios de Mujeres de Fe, King’s Kids y bailarines.

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