Frutos de Madurez

Dios me habló hace un tiempo atrás en el libro de Hebreos. Desde el capítulo 5 a 6 nos cuenta acerca de aquellos que al no haber desarrollado una madurez y crecimiento espiritual no son capaces de poder recibir más revelación de Dios. Muchas veces esto nos sucede, cuando nos comportamos como niños, sin discernimiento y necesitamos repasar lo básico del evangelio. No que esté mal estudiar la Palabra de Dios, pero el problema es que al no ser responsables de la luz que ya tenemos, desviamos la mirada de aquello a lo que Dios nos quiere llevar. Y terminamos dando vueltas a los mismos procesos, problemas de carácter y luchas. 

1 Corintios 3:1-3 reafirma el mismo mensaje de Hebreos, de la imposibilidad de Pablo de poder compartir una palabra sólida con los creyentes porque aún se comportaban como personas inmaduras guiadas por impulsos carnales. Y somos similares a ellos cuando hay muestras de inmadurez en nuestras propias actitudes. Los celos que vienen de una comparación infantil, las discusiones que vienen encubiertas de “críticas constructivas” o “exhortaciones” y por último la división que es consecuencia del juicio que hago en mi mente sobre otras personas. Estas son algunas de las actitudes de nuestro corazón que delatan que necesitamos crecer en madurez con el Señor.

La madurez va de la mano a vivir de acuerdo a los tiempos que estamos viviendo. Así como a un bebé recién nacido no puede comer carne tampoco un adulto puede vivir a base de líquidos. De la misma manera, por lo que ya hemos experimentado de Dios y Su verdad tenemos que movernos en la madurez que nos corresponde y buscar alimentarnos cada vez de cosas mayores en Su presencia. No debemos poner en duda la Palabra sobre nosotros pero alejarnos de aquello que puede poner en riesgo nuestra relación con Él. Atrás de nuestras acciones están las decisiones y son estas las que deben ser tomadas en madurez, para que todo lo que hagamos tenga buenos frutos. ¿Estamos viviendo al nivel de madurez que deberíamos?

En Juan 15:2 dice que el objetivo de Dios es que siempre llevemos más frutos. Esto demanda mayor madurez, ya que Él no nos llama a algo estático sino a un crecimiento constante. Conformarnos con los frutos que estamos dando no va de acuerdo al plan de Dios, porque Su propósito para nosotros es que cada vez mejoremos más para llevar mas frutos. Por eso la falta de crecimiento es inmadurez. ¿Estamos frenando nuestro crecimiento? Recordemos que nosotros mismos nos hemos alimentado de los frutos de otros.

El que nosotros maduremos en Dios tiene el claro objetivo de que podamos bendecir a otros a través de todo lo que Él ha hecho en nuestra vida. Necesitamos abrazar la madurez de Dios, dejar que crezca cada vez más en nuestras vidas para poder bendecir a otros.


Joel Ramirez es de Santo Tomé, Santa Fe. Junto a su familia (Daniela, Isabella y Micaías) son parte de nuestra comunidad desde que se inició hace cuatro años. Él está involucrado en muchos ministerios y actividades por ejemplo la escuela EDE, AME Estudio y alabanza.

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